Hace un tiempo el señor Herranz,
presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos y miembro del
Opus Dei denunciaba la “demagogia libertaria” de algunos políticos y medios de
comunicación y la “cizaña fundamentalista laicista y anticatólica” con la que
se estaba sembrando España. Antes, en su desobediencia civil, fueron las
manifestaciones por esas calles de Dios: ellos (los obispos) con sus hábitos y
ellas (las señoras de postín) con sus chaquetones de astracán y sus collares de
perlas, todos juntos pancarta en mano como unos asalariados cualquiera. ¡¡Esto
es el mundo al revés!! Ahí estaba, entre otros, Rouco con su hábito y tocado
con gorra de visera y publicidad al más puro estilo yanqui en vez de cubrir su
cabeza con la típica boina española más acorde con su conservadora y negra
vestimenta e ideología.
También los príncipes de la
Iglesia exteriorizaban su malestar desde el púlpito y por las calles de la
Villa y Corte; ellos que reciben una subvención del Estado español para las arcas
de la Iglesia incrementada en algo más del 30% de lo que los españoles
consignan en sus declaraciones de la Renta ahora se manifiestan contra la LOE.
Con sotana o clerygman quién los
ha visto y quién los ve.
Primero en Colón en la
concentración que denominaron “por la familia” donde los obispos Rouco de
Madrid y García Gasco de Valencia dijeron que la democracia había retrocedido
con ciertas leyes del Gobierno socialista como la que reconoce el matrimonio
entre homosexuales; después el obispo Palmero, entre otras lindezas, calificaba
la homosexualidad de enfermedad. Ante tanto disparate faltaban los 10
mandamientos electorales malintencionados e hipócritas que la Conferencia
Episcopal Española hizo públicos y que me parecen una obscenidad no porque
pidieran el voto para el PP sino porque, como ellos, de un lado discriminan a
una parte de la ciudadanía al no reconocerles la igualdad de derechos y del
otro por caer en la ignominia de utilizar el terrorismo con fines electorales.
Todas estas artimañas
propagandísticas tratan de consolidar, implantar o modificar opiniones en la
población a través de un espejismo democrático que oculta otras realidades como
son el sectarismo religioso de los dirigentes de la CEE y el dogmatismo
político de la cúpula del PP. Esa inclinación de auto-exclusión arbitraria que
pretenden ofrecer (en la medida en que condenan toda posible alternativa),
certezas absolutas, sostén firme, auxilio permanente y orientación
incuestionable es fundamentalismo quieran o no los cabecillas de la Curia y los
del Partido Popular.
¿Por qué no se revisa el
Concordato y se acaba con tanto ingrato? ¿Por qué no deja de subvencionarse la
enseñanza privada con el modelo actual y lo que se hace es permitir que todas
las familias que no utilicen su plaza en los centros públicos puedan en su
renta descontar como gasto lo invertido en la enseñanza privada? Este formato
de subvención a la familia y no al colegio es más justo y está encaminado a
hacer más llevadera la enseñanza reglada de los hijos al recibir la subvención
en forma de descuento en la declaración del IRPF de quién realmente hace el
gasto. Entonces si que no iban a salir a la calle.
La inmensa mayoría defendemos el
Estado constitucional laico y una sociedad en la que cada persona tenga derecho
a vivir según sus propias creencias sin que nadie imponga su doctrina a los
demás. Es evidente que los obispos que firmararon ese comunicado no creen en este Estado, ni
en esta sociedad. Por eso están tan lejos de la ciudadanía.
Desde la tolerancia, el respeto a
todo tipo de confesiones y el distanciamiento que otorga el agnosticismo nada
tienen que ver esas actuaciones de los jefes de la Curia española con los
predicamentos de San Pablo. Romanos13, 1-7 constituye el tratamiento temático
concreto de la relación de los cristianos con las autoridades civiles. La idea
fundamental es que todos los hombres deben obediencia a los poderes públicos
constituidos. Resistirse a la autoridad humana como hicieron los zelotas y
ahora los obispos, los legionarios de Cristo, los miembros del Opus y la
patronal de los colegios privados concertados entre otros es resistirse a Dios.
Los cristianos tienen que aceptar y cumplir todas las disposiciones que emanen
de los poderes públicos no por miedo al castigo sino como un deber de
conciencia. Pablo dice que un buen cristiano tiene que ser a la vez un buen
ciudadano. Por eso, de continuar así, ¿irán los obispos españoles, sus
seguidores y los subvencionados al cielo o al infierno? Mientras firmo este
artículo recuerdo los versos de Lluís Llach: “Si estirem tots ella caurà/ i
molt de temps no pot durar,/ segur que tomba, tomba, tomba,/ ben corcada deu
ser ja./ Si tu l’estires fort per aquí/ i jo l’estiro fort per allà,/ segur que
tomba, tomba, tomba/ i ens podrem alliberar”.
Del Blog de Antonio Baile
Del Blog de Antonio Baile
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