lunes, 19 de diciembre de 2011

UNA IGLESIA CATOLICA FUNDAMENTALISTA, PARTIDARIA Y SECTARIA


Hace un tiempo el señor Herranz, presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos y miembro del Opus Dei denunciaba la “demagogia libertaria” de algunos políticos y medios de comunicación y la “cizaña fundamentalista laicista y anticatólica” con la que se estaba sembrando España. Antes, en su desobediencia civil, fueron las manifestaciones por esas calles de Dios: ellos (los obispos) con sus hábitos y ellas (las señoras de postín) con sus chaquetones de astracán y sus collares de perlas, todos juntos pancarta en mano como unos asalariados cualquiera. ¡¡Esto es el mundo al revés!! Ahí estaba, entre otros, Rouco con su hábito y tocado con gorra de visera y publicidad al más puro estilo yanqui en vez de cubrir su cabeza con la típica boina española más acorde con su conservadora y negra vestimenta e ideología.
También los príncipes de la Iglesia exteriorizaban su malestar desde el púlpito y por las calles de la Villa y Corte; ellos que reciben una subvención del Estado español para las arcas de la Iglesia incrementada en algo más del 30% de lo que los españoles consignan en sus declaraciones de la Renta ahora se manifiestan contra la LOE.
Con sotana o clerygman quién los ha visto y quién los ve.
Primero en Colón en la concentración que denominaron “por la familia” donde los obispos Rouco de Madrid y García Gasco de Valencia dijeron que la democracia había retrocedido con ciertas leyes del Gobierno socialista como la que reconoce el matrimonio entre homosexuales; después el obispo Palmero, entre otras lindezas, calificaba la homosexualidad de enfermedad. Ante tanto disparate faltaban los 10 mandamientos electorales malintencionados e hipócritas que la Conferencia Episcopal Española hizo públicos y que me parecen una obscenidad no porque pidieran el voto para el PP sino porque, como ellos, de un lado discriminan a una parte de la ciudadanía al no reconocerles la igualdad de derechos y del otro por caer en la ignominia de utilizar el terrorismo con fines electorales.
Todas estas artimañas propagandísticas tratan de consolidar, implantar o modificar opiniones en la población a través de un espejismo democrático que oculta otras realidades como son el sectarismo religioso de los dirigentes de la CEE y el dogmatismo político de la cúpula del PP. Esa inclinación de auto-exclusión arbitraria que pretenden ofrecer (en la medida en que condenan toda posible alternativa), certezas absolutas, sostén firme, auxilio permanente y orientación incuestionable es fundamentalismo quieran o no los cabecillas de la Curia y los del Partido Popular.
¿Por qué no se revisa el Concordato y se acaba con tanto ingrato? ¿Por qué no deja de subvencionarse la enseñanza privada con el modelo actual y lo que se hace es permitir que todas las familias que no utilicen su plaza en los centros públicos puedan en su renta descontar como gasto lo invertido en la enseñanza privada? Este formato de subvención a la familia y no al colegio es más justo y está encaminado a hacer más llevadera la enseñanza reglada de los hijos al recibir la subvención en forma de descuento en la declaración del IRPF de quién realmente hace el gasto. Entonces si que no iban a salir a la calle.
La inmensa mayoría defendemos el Estado constitucional laico y una sociedad en la que cada persona tenga derecho a vivir según sus propias creencias sin que nadie imponga su doctrina a los demás. Es evidente que los obispos que firmararon   ese comunicado no creen en este Estado, ni en esta sociedad. Por eso están tan lejos de la ciudadanía.
Desde la tolerancia, el respeto a todo tipo de confesiones y el distanciamiento que otorga el agnosticismo nada tienen que ver esas actuaciones de los jefes de la Curia española con los predicamentos de San Pablo. Romanos13, 1-7 constituye el tratamiento temático concreto de la relación de los cristianos con las autoridades civiles. La idea fundamental es que todos los hombres deben obediencia a los poderes públicos constituidos. Resistirse a la autoridad humana como hicieron los zelotas y ahora los obispos, los legionarios de Cristo, los miembros del Opus y la patronal de los colegios privados concertados entre otros es resistirse a Dios. Los cristianos tienen que aceptar y cumplir todas las disposiciones que emanen de los poderes públicos no por miedo al castigo sino como un deber de conciencia. Pablo dice que un buen cristiano tiene que ser a la vez un buen ciudadano. Por eso, de continuar así, ¿irán los obispos españoles, sus seguidores y los subvencionados al cielo o al infierno? Mientras firmo este artículo recuerdo los versos de Lluís Llach: “Si estirem tots ella caurà/ i molt de temps no pot durar,/ segur que tomba, tomba, tomba,/ ben corcada deu ser ja./ Si tu l’estires fort per aquí/ i jo l’estiro fort per allà,/ segur que tomba, tomba, tomba/ i ens podrem alliberar”.


Del Blog de Antonio Baile

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